Una constante en toda la saga del agente secreto más famoso de la historia, James Bond, ha sido su capacidad para marcar tendencia en el mundo real, y conseguir que se esté pendiente de cuál será la próxima
chica bond o, lo que nos ocupa, qué coche conducirá en esta ocasión. Es decir, la capacidad de la factoría 007 para renovarse y, no sólo adaptarse, sino crear nuevos tiempos, es infinita. Un buen ejemplo es el lavado de cara producido en 2006, al rehabilitar como remake una de las primeras películas de Bond, Casino Royale, con un detalle tan concreto como dibujar a Bond jugando al poker en vez de al antiguo baccarat, como podemos apreciar en esta escena.
Los coches de James Bond
Un breve recorrido por los automóviles más secretos
Los coches de James Bond siempre se han caracterizado, no podía ser de otra forma, por las formas inglesas, siendo Aston Martin el buque insignia de la saga durante décadas. Pero no en exclusiva. De hecho, algunas de las películas más emblemáticas han conocido a un 007 conduciendo otras marcas, y la lista sería tan larga como excelente: el Sunbeam Alpine de “Dr. No”; el Toyota 2000 GT de “Sólo se vive dos veces”; El Lotus Esprit de “La espía que me amó”; o la también longeva relación con Rolls-Royce (“Goldfinger”, “Moonraker”, “Octopussy”...).
Pero merece la pena detenerse en la última década y media, cuando la Factoría Bond decidió contrarrestar el bajo nivel de sus películas (en el plano narrativo, nunca en el técnico) aprovechando toda la potencia de las nuevas técnicas de mercadotecnia. Probablemente, nunca se escuchó tanto hablar de un coche aparecido en una película como el BMW Z3 Roadster, que inauguraba la era de Pierce Brosnan como Bond: una jugada maestra por parte de la franquicia, que se aseguraba así rehabilitar una saga en horas bajas seis años después de la última película. Todas las películas de Brosnan apostaron en su promoción por hacer hincapié en los
coches que éste iba a usar, automóviles que tenían una particularidad: seguían siendo de muy alto standing, pero ya no resultaba imposible ver un BMW Z8 (“El mundo nunca es suficiente”) por la calle: por primera vez, Bond también vendía coches.
Si tomamos esta premisa como cierta (malas películas = promoción en coches), no nos extrañará que en las dos últimas películas de Bond, ya sin Brosnan y bendecidas por crítica y público, los automóviles conducidos por este hayan pasado no sólo a un segundo plano promocional, sino que han vuelto a los orígenes clásicos de la saga, gracias al imponente y renovado Aston Martin DBS. Así, la historia nos guarda una última paradoja: mientras que todo el remake de “Casino Royale” supone una modernización respecto a la original de los hábitos y entorno de Bond, la marca de coche elegida ha seguido siendo el ya citado Aston Martin. Cosas de guionistas.
Commentario de Cat en 2009-09-24 18:54:31 Hasta un Citröen dos caballos llegó a conducir, aunque sólo fuera un ratito. Y las máquinas Hitachi que aparecen en las canteras de la última película. Y unos de mis preferidos: los Kentworth pasando entre las llamas levantando el morro.
Commentario de
en 2011-08-31 13:28:03 Necesito el plano de montaje del BMW Z8 (muestra en imagen), me lo regalaron porqué no sabían montar y no tienen las instrucciones de montaje.
Commentario de
en 2011-08-31 13:34:22 Necesito el plano de montaje del BMW Z8 escala 1:24 (muestra en imagen), me lo regalaron porqué no sabían montar y no tienen las instrucciones de montaje.