Organizar un evento del motor no es tarea sencilla. En principio porque muchos de los actos que se organizan en la mayoría de nuestros pueblos y ciudades están liderados por aficionados con muchas ganas y muy buenas intenciones, que, sobre todo en estos tiempos, se sienten solos al enfrentarse a este reto.
Te voy a contar una cosa
Una opinión, sin mayor intención
Claro que, lo que yo aquí te cuente no pasa de tener mayor crédito del que pueda dar un espectador cualquiera que tiene la costumbre de asistir un par de veces al año a eventos relacionados con el motor clásico, de 2 ó 4 ruedas. Y que además, si puede y se entera a tiempo, a cualquier evento relacionado con el modelismo y el coleccionismo de miniaturas.
Por suerte tengo el placer de conocer a algunos organizadores de estos eventos y de ser testigo, directo a veces, indirecto en la mayoría de las ocasiones, del trabajo y el sacrificio que supone organizar una concentración, una exhibición o un concurso.
Todo sea dicho, objetivamente, todo, absolutamente todo, sea lo que sea lo que se organice, desde la perspectiva de alguien, es mejorable. Don Perfecto, como me decía alguien, emigró a Venezuela (es una forma de hablar, que no se interprete como una crítica, que no quiero salirme del tema). Nadie tiene el secreto de la perfección a la hora de organizar ningún evento de ningún tipo.
Siempre hay algo que sale regular, alguna persona o colectivo que no se siente bien tratado o atendido, un proveedor de servicios que falla. Algo, en cualquier momento, no sale como estaba programado. La virtud del buen organizador pasa por ser capaz de improvisar soluciones y tener una enorme capacidad como relaciones humanas, tal cual si fuera el vendedor puerta-a-puerta de una empresa.
Como anfitrión nunca podemos olvidarnos de atender a nuestros invitados. No podemos, tampoco, o no es recomendable, comprometer a terceros para luego, cuando sobran, pretender que no estén presentes. Ser organizador o formar parte de la organización de un acto o evento no es sencillo, requiere ser paciente, escuchar atentamente y hacer un esfuerzo extraordinario por satisfacer a todos los que participan.
Por eso admiro a quienes se lanzan a la aventura de montar un club, organizar una prueba de tal o cual tipo, intentar sacar adelante una asociación sobre este o aquel hobby. Son personas que sienten verdadera pasión por lo que representan. Merecen ser ayudadas y apoyadas por aquellos que disfrutamos de esos eventos, de esas concentraciones, de esas pruebas, de lo que sea a lo que asistemos.
Como invitados también tenemos nuestras obligaciones, aunque no lo parezca. Siempre que vamos a alguna parte, porque nos llaman, hay que respetar las decisiones del anfitrión, del organizador, no es nuestra función superar ni sustituir a éste. Sólo vamos a disfrutar, formamos parte de lo exhibido, sean coches reales o sean miniaturas. Un invitado pone lo mejor de sí para dar espectacularidad a un evento. Se le pide que asista por lo que puede aportar, por lo especial, por lo que representa, pero eso no significa que sea lo más importante. Es una parte. Hay que tenerlo en cuenta.
Anfitrión e invitado deben de sumar esfuerzos, el primero por atender las necesidades del segundo, el segundo por cubrir las expectativas del primero. No es nada fácil.
Sin embargo, de todos los componentes de un acto, el que más respeto debería de mostrar por lo que encuentra es el asistente, el público, el aficionado que se da un paseo para disfrutar con esa oportunidad rara y poco habitual de encontrar a otros con sus mismas pasiones. Criticar es fácil, sólo es necesario abrir la boca y juntar palabras, una detrás de otra. Pero, amigo mío, los que organizan, los invitados que hacen el esfuerzo de mostrar su afición, merecen un respeto, por su esfuerzo; agradecimiento, por sacar sus pequeñas joyas de motor de sus garajes y darnos la oportunidad de disfrutar de ellas.
Después de todo, podríamos hacernos una pregunta. ¿No estamos ese domingo, paseando bajo el sol, admirando las líneas de este deportivo, de aquella camioneta, de ésta moto, esta colección de juguetes antiguos, por puro placer, por pasión personal? Entonces, si vamos a disfrutar, qué necesidad tenemos de desprestigiar, de desmerecer, de desmontar el esfuerzo ajeno. No lo entiendo.
Últimamente he asistido a cosas que no entiendo. No entiendo que el Presidente de una asociación determinada sobre un tema concreto llame a otro para criticar su manera de proceder. No entiendo que alguien eche a la policía local sobre un aficionado sólo porque es de otro bando. No entiendo que un club determinado esté en contra de que se promocione un hobby o una afición.
No es que diga que yo tenga la razón ni que mi forma de ver las cosas sea la correcta pero sí me gustaría que alguien me explicase estas actitudes. Las actitudes que a mi juicio, restan. Porque yo, por mucho que me esfuerce, no alcanzo a comprenderlas.
Commentarios de Usuarios
Commentario de
en 2010-06-07 17:54:40 saludos,la verdad es que comparto tu opinion en todo lo dicho,pero por desgracia no nos queda de otra que convivir con estas personas y sus formas. al final pasa lo de siempre,como en mi caso,para ir a algo donde no se esta muy agusto o te miden segun alguna escala de valores que no entiendo , mejor te quedas en casa y el coche en el garaje. un saludo